• Contabilidad básica de costes para la fabricación por procesos

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En el artículo del mes pasado sobre cómo los ingenieros y operadores de procesos están cada vez más involucrados en los elementos de negocio del funcionamiento de una planta, se sugirió que los operadores tienen que aprender algunos conceptos básicos de la contabilidad. Aunque "hacer números" puede no ser lo más atractivo para gente acostumbrada a trabajar con los documentos de los proyectos, los conceptos subyacentes son realmente sencillos. Dado que las personas en la planta están más preocupadas por los costes, nos atendremos a esta parte del negocio en lugar de mirar a los métodos más tradicionales de contabilidad financiera.

A los contables les gusta establecer la correspondencia entre los costes y las actividades que crean productos y valor. Este concepto de correspondencia o comparación es fundamental y hay que tenerlo en cuenta. Los ingresos que genera una planta son bastante fáciles de entender porque la producción se vende a un precio específico por tonelada. Para averiguar si un empleado es rentable, hay que comparar los ingresos con los costes.

Los costes son un poco más complicados, y tiene dos componentes principales. La primera parte es el coste directo (conocido como coste variable), que incluye cosas tangibles vinculadas directamente a su producción. Si su planta produce normalmente 100.000 toneladas de producto al mes, esto requiere una cantidad correspondiente de materia prima, de gas para alimentar las calderas, de operarios para observar el proceso, de electricidad para hacer funcionar bombas, los filtros, etc. ¿Cuáles son los costes necesarios para crear esa cantidad de producto? o, dicho al revés, ¿qué costes no se habrían producido si no hubiéramos producido nada? Los costes directos deben variar en una proporción directamente proporcional con el nivel de producción. Digamos que, para ayudar en el razonamiento, con los niveles normales de producción, los costes directos para su planta suman 600 $/t, lo que el coste directo total para un mes es de 60 millones de dólares. (Estas cifras son inventadas, por lo que no merece la pena profundizar en ellas.)

Los costes directos son los más obvios y, en algunas ocasiones, los observadores ocasionales creen que su planta es mucho más rentable de lo que es porque suponen que es el único elemento de coste. La otra cara de la moneda de la contabilidad son los costes indirectos, y ahí es donde las cosas se ponen más complicadas.

Cualquier planta tiene costes que no están directamente relacionados con la producción, y son de muchos tipos:

  • Costes de alquiler o de las propiedades de la instalación
  • Mantenimiento (equipos y personas)
  • Infraestructura (gastos de iluminación y de aire acondicionado)
  • Servicios de seguridad
  • Muelle de carga
  • Edificio de oficinas de la planta, equipamiento y personal
  • Suministros no relacionados con la producción y
  • servicios complementarios varios

Dado que los costes indirectos no cambian en función de los niveles de producción, tienden a ser relativamente estables y así se denominan a veces costes fijos. (El capital circulante se suele manejar de manera diferente, por lo que la compra de un nuevo reactor proviene de una cuenta de capital.)

A los contables les gusta tomar todos esos costes indirectos y sumarlos en una cifra enorme para el mes. Después, los dividen en el número de unidades de producción típica del mes. Así, siguiendo con nuestro modelo, podemos decir que los costes indirectos son de 2.000.000 $ al mes. Dividimos dicha cifra por nuestra producción de 100.000 toneladas y el coste indirecto por tonelada es de 20 $.

Lo que significa que el coste total por tonelada es 620 $. Cualquier valor que exceda esto se tratará más arriba de la cadena de suministro. Otros se ocuparán del margen bruto, etc. En última instancia, se pueden mejorar o empeorar las cosas reduciendo o aumentando los costes. Entonces, ¿cómo se pueden mejorar las cosas?

Materias primas: es posible que no tengamos influencia en lo que pagamos por la materia prima, pero deberíamos ser capaces de ayudar a mejorar la eficiencia y a reducir las cantidades perdidas en la producción.
Energía: seguramente aquí tampoco podamos controlar los precios, pero sí podemos controlar el consumo.
Producción: aunque es probable que no controlemos directamente los costes indirectos, en el momento en que aumentemos la producción, el coste indirecto se divide por más unidades de producción, por lo que el coste indirecto por tonelada disminuye.

Los contables establecen los costes estándar para los productos basándose en la experiencia. Cuando el coste real se desvía de lo normal, se denomina variación. Las variaciones pueden ser favorables o desfavorables. Por ejemplo, se considera desfavorable cuando la producción desciende debido a un apagón eléctrico y, en consecuencia, se tiene un menor número de unidades de producción y el coste indirecto aumenta por tonelada. O bien, si la eficiencia energética desciende porque un intercambiador de calor está obstruido y, en consecuencia, aumenta el coste directo. Eso es negativo.

Por el contrario, decimos que es favorable cuando se puede aumentar la producción, mejorar la eficiencia, o hacer algo más por reducir los costes estándar. Comienza a buscar oportunidades. Con ello conseguirás la atención que deseas.

Peter Welander es Gestor de Contenidos para Ingeniería de Control. Tiene un Máster en Administración de Empresas, y consiguió una A, la calificación máxima, en sus clases de contabilidad.
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